¿Se puede o no se puede emprender sin dinero?

La pregunta parece trillada, pero sigue vigente para muchísimas personas que sueñan con tener su propio negocio y no saben por dónde empezar. Y la respuesta, aunque incomode a algunos, es sí, sí se puede. Con voluntad, disciplina y, sobre todo, con un propósito claro.

Cuando Kari y yo comenzamos Social Media Team no teníamos inversión, oficina ni recursos para contratar a nadie. Lo único que teníamos era nuestro conocimiento, una idea clara y las ganas enormes de hacer algo diferente. Y aunque suene cliché, fue suficiente para empezar.

Lo que vino después no fue fácil: días sin dormir, clientes que no llegaban, servicios que ofrecíamos sin saber si alguien los iba a comprar… pero cada pequeño paso, por insignificante que pareciera, nos fue acercando a ese lugar donde hoy estamos: dirigiendo una agencia que genera empleo, acompaña marcas y sigue creciendo.

Emprender sin dinero te obliga a ser creativa, a confiar en lo que sabes hacer y a aprender a improvisar. Te enseña a valorar cada logro y a entender que el motor de cualquier proyecto no es el dinero, sino la pasión y la constancia.

Hoy quiero invitarte a hacerte estas preguntas:

  • ¿Qué idea tienes en la cabeza desde hace meses y aún no te has atrevido a intentar?
  • ¿Qué habilidad tienes que podrías transformar en un servicio o producto?
  • ¿Qué es eso que harías gratis, solo por el placer de hacerlo, y que podría convertirse en algo que te dé para vivir?

Porque así empiezan las mejores historias: con una idea, una corazonada y las ganas de intentarlo.
Y créeme, cuando lo haces desde la pasión, todo empieza a tomar sentido.